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OPINIÓN


CRISIS Y DERECHOS HUMANOS

Melchor Prats Munarriz (Presidente Justicia y Paz Cádiz)

 

Se acerca la conmemoración de  la Declaración Universal de Derechos Humanos, donde se afirma que:

la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”,

Siendo su primer artículo:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”

Se ha avanzado extraordinariamente en la aplicación de los derechos humanos. Han desaparecido muchas dictaduras y los Estados se organizan bajo constituciones democráticas de derecho.

No obstante los derechos humanos están en crisis,  tanto en el mundo desarrollado como en el subdesarrollado.

¿Qué es la crisis económica sino una crisis de derechos humanos? La crisis tiene profundas raíces en la consideración de la persona como una mercancía más y en situar el lucro máximo e inmediato, a cualquier precio,  como centro motor del desarrollo. Hemos sido tratados como máquinas de consumir, incentivadas para un consumo fuera de nuestras posibilidades, bajo el espejismo de “Usted tiene derecho a…”, “Usted se lo merece todo”, “Usted no puede ser menos que…”, sin tener en cuenta que tanto consumo era posible por la explotación del mundo subdesarrollado, la deforestación del planeta, la contaminación de las aguas y un largo etcétera que hará más injusto, inhóspito y violento el futuro.

Los efectos de esta filosofía del tener (insaciable) han sido la corrupción del poder, de todo tipo de poder,  la irresponsabilidad y el estar hipotecados hasta las cejas, que ha llevado a millones de personas al paro y a la pobreza, con todo lo que arrastra de tragedia personal y familiar.

Y si en el mundo “desarrollado” no tenemos comportamientos fraternales, ¿cómo vamos a tenerlos con el mundo “subdesarrollado?

La prueba evidente es que la pobreza en el mundo aumenta en lugar de disminuir; sin embargo hay más ricos, y las diferencias entre los más ricos y los más pobres no paran de incrementarse.

Con esta filosofía del tener, es imposible realizar el  deber de “comportarse fraternalmente los unos con los otros”, como nos reclama el primer artículo de la Declaración, ni caminar hacia “la libertad, la justicia y la paz”, cuando la base para ello es el reconocimiento de la dignidad de cada persona de la familia humana, y no su supeditación a los intereses económicos de una minoría.

La persona, con sus necesidades materiales y espirituales, tiene que ocupar el centro de todos los intereses económicos y de las relaciones humanas. Cada persona tiene que tomar conciencia de la responsabilidad hacia los otros y su dignidad.

Dios nos creó y puso la semilla del amor en nuestros corazones y a toda la creación a nuestra disposición para que la administrásemos con inteligencia. Cada uno es un proyecto del Amor de Dios y tenemos libertad para realizarlo o no. No caminamos a ciegas, Dios nos dio a conocer su proyecto de Amor al encarnarse en Jesús de Nazaret: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Quien me ve a mí está viendo al Padre (Juan 14,16-19)

No hay posibilidad de caminar hacia un mundo fraternal, si no volvemos los ojos hacia Dios y hacia los hermanos.


 

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